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La omnipresencia de lo foodie

Martes, 14 julio 2015

El término foodie, tan de moda de unos años a esta parte, apareció por primera vez en 1984 en el libro The oficial foodie handbook, de Paul Levy, Ann Barr y Matt Sloan, y se refiere a las personas que, sin ser profesionales, son aficionados a la comida y la bebida y amantes de la buena mesa. Se trata de personas que buscan, prueban, experimentan todo lo nuevo en gastronomía y lo comparten.

Ser foodie no es solo una afición, sino que es un estilo de vida. Los foodies leen revistas, blogs y guías de gastronomía, acuden a los eventos del sector y a la inauguración de nuevos locales, hacen turismo gastronómico y compran los últimos utensilios de cocina. No son personas que solo buscan lo exclusivo (como los gourmets), sino que les interesa probar y conocer todas las nuevas propuestas culinarias.

Gracias al mundo 2.0 los foodies, que han existido siempre, han salido a la luz. Los blogs, foros y redes sociales permiten compartir experiencias, opiniones y material audiovisual, convirtiendo a muchos foodies en influencers con numerosos seguidores. Lo importante es compartir y comunicar. De hecho tienen hasta su propia red social: www.foodie.com

Con lo foodie en auge los hábitos han cambiado. Los brunch están más de moda que nunca, al igual que tomar el vermut, comer en mercados tan conocidos como San Miguel y San Antón en Madrid, y La Boquería en Barcelona, degustar en la calle platos de calidad (street food) gracias a camiones convertidos en puestos ambulantes (foodtrucks), disfrutar de una deliciosa comida en un restaurante pop up, en un espacio secreto, una galería de arte, un videoclub o un centro de belleza, entre otros muchos locales. Además, está permitido desayunar por la noche (brinner), comer en casa de desconocidos (mealsurfing) o intercambiar platos. Incluso existe un movimiento internacional, el slow food, que desde los años 80 pretende dar importancia al placer de disfrutar de la gastronomía.

Tan en alza está la gastronomía que lo que ahora se lleva es ser cocinero. Son muchos los chefs célebres, como Ferran Adrià, David Muñoz, Juan Mari Arzak, Alberto Chicote, Karlos Arguiñano, Martín Berasategui o Samantha Vallejo Nájera, entre otros. Muchos de ellos cuentan con su propio espacio televisivo, pero, además, proliferan los programas y concursos culinarios, como MasterChef y Top Chef (de cosecha propia) o las reposiciones de programas extranjeros como Pesadilla en la cocina (Hell´s Kitchen), Planet Cake o Dulces e increíbles (Ace of Cakes). Tenemos hasta un canal de cocina: Canal Cocina. Pero no solo los cocineros son famosos; también hay platos y alimentos estrella, como los green smothies, los cronuts, los popcakes o el porridge, todos reproducidos hasta la saciedad en redes sociales como Instagram.

La gastronomía se une con otras disciplinas, como la moda y el diseño. Ejemplo son la colección “Desk to dinner” de Banana Republic en colaboración con la revista Bon Appétit y la web OpenTable, la exposición en el Museo del Traje de chaquetillas diseñadas por Agatha Ruiz de la Prada para Alberto Chicote, eventos como Cook & Fashion en San Sebastián o la exposición Diseño al plato en Valencia Disseny Week, entre otras muchas colaboraciones.

Está claro que lo foodie impera; pero cabe hacerse una pregunta: ¿la cultura foodie ha venido para quedarse o se trata de una moda pasajera?

Por cube